El color es fundamental en la industria alimentaria porque representa un índice de calidad: por ejemplo, en el caso de los productos frescos, como las frutas y los vegetales, las variaciones de color detectan una degradación del alimento y pérdida de calidad del mismo. Además nos anticipa y proporciona sensaciones de otras propiedades sensoriales, como el olor y el sabor.

La colorimetría, además de las importantes aportaciones a la perspectiva de la forma de consumo, también es capaz de aportar información de alto valor al proceso productivo ya que gracias a ella es posible medir otros aspectos tales como el tostado de las galletas, el curado del jamón, la madurez de las uvas, la pigmentación de la yema de los huevos, la clasificación de las cáscaras, la frescura del pescado, la oxidación del aceite, la humedad del grano, el estado sanitario de la aceituna, la clasificación de la carne o los antioxidantes del color rojo del tomate.

Esta industria tiene un gran aliado en los dispositivos ópticos que son capaces también de detectar residuos o contaminantes no deseados consiguiendo así una reducción de las mermas y otros costes productivos.

En Fotoglass desarrollamos metodologías y sistemas a medida, y resolvemos casos de inspección y control complejos, a través de métodos bio-ópticos, para garantizar la calidad en la industria alimenticia.